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Lo que quieres saber de un viaje en bicicleta y no te atreves a preguntar, PARTE II 

En la edición pasada compartí algunos aciertos y desaciertos previos al kilómetro cero de El Sur Bici-ble y durante estos meses de viaje. Sin embargo, hay dos temas de atención e importancia para sobrevivir en un viaje en bicicleta: la alimentación y la hidratación. Recordemos que el motor de nuestra bici somos los ciclistas y, el combustible, lo que comemos y bebemos para poder mover la “máquina”.

¿Qué comer durante un viaje en bicicleta?

Aunque la alimentación depende de diversos factores como las inclinaciones de cada biciviajero (veganos, vegetarianos, carnívoros, etc.), los pesos corporales, las condiciones de salud de cada ciclista, la tipografía a recorrer, los esfuerzos diarios, las condiciones climáticas, la facilidad para conseguir ciertos alimentos y hasta el presupuesto que tenemos para comprar nuestra comida, el ciclismo es un ejercicio muscular con un alto gasto energético (aprox. de 350 a 400 calorías por hora) que toma la energía de lo que comemos: los carbohidratos, las grasas y las proteínas.

Además, al principio compraba alimentos para una semana y luego simplemente empecé a comprar para consumo máximo de dos días. Esto depende, por ejemplo, de las condiciones climáticas o la facilidad para conseguir ciertos alimentos. Hay que tener en cuenta que, especialmente, los productos orgánicos pueden descomponerse más rápido que los demás. Y de paso, al llevar menos comida, llevas menos peso.

Aquí comparto mis preferencias:

La primera comida: el desayuno

Lo primero que hago es, todos los días, buscar frutas: las bananas son mis favoritas, aunque a veces también compro manzanas o uvas verdes, pero depende de lo que encuentre en el mercado. Por fortuna, en Sudamérica, hay variedad de frutas y son económicas. Pues bien, lo primero que como, al despertar es una fruta. Mientras como la fruta, voy alistando mi cocina portátil, caliento el agua para preparar café (como buena colombiana, no puede faltar una dosis de cafeína al día) y abro el pan para ponerle queso, mantequilla, mermelada o mantequilla de maní. Algunas veces preparo un huevo batido con queso, sobre todo cuando estoy quieta por algunos días en algún lugar y sé que no voy a estropear los huevos con el movimiento.  Sin embargo, para no aburrirme con un solo menú, también puedo variar con granola y yogurt, que resulta muy rico y también barato.

¿Qué vamos a almorzar hoy?

Generalmente la hora del almuerzo me sorprende en ruta. Algunas veces prefiero sentarme en algún restaurante del camino, generalmente tienen precios accesibles y de menú amplio: arroz o plátano, proteína animal, la famosa “menestra”, que comprende fríjol, garbanzo, lenteja o alverja, sopa, ensalada y jugo. Sin embargo, otras veces llevo algún enlatado: fríjoles o garbanzos, pero que no me complique tanto y a veces, armar la cocina durante el viaje es desgastante. Al final, si lo hay, puedo comerme un pedazo de chocolate o una galleta rellena, a manera de postre.

Después de una intensa jornada, la cena

Al final del día, después de todo el intenso pedaleo, la cena se convierte en la comida que va a equilibrar todo el gasto energético. Aunque también se puede consumir en un restaurante, cuando no hay alguno o no alcanza lo que llevamos en el bolsillo, suelo preparar pasta con atún, o pan con atún o aguacate (también llamado palta, en algunos países de Sudamérica). Algunas veces, en cambio, me siento inapetente y prefiero preparar un par de sanduches de queso con mantequilla (prefiero no consumir embutidos ni carnes rojas).

Entre comidas, consumo especialmente frutos secos: maní, almendras, granola, semillas de girasol, entre otros.

¿Cómo hidratarse en la ruta?

El agua es el principal componente del cuerpo humano, aproximadamente ocupa un 65%. En la bici, es muy fácil deshidratarse por la pérdida de sales al sudar, al orinar o hacer las necesidades fisiológicas y esto puede desencadenar serios problemas de salud. Lo recomendable es tomar sorbos de agua cada 15 o 20 minutos, y no esperar a sentir sed para beber. Sentir sed es, precisamente, un efecto de la deshidratación. Mi elección es llevar máximo dos litros de agua (dos kilos más de peso) y tomar toda el agua que pueda. Además, por consejo de un amigo biciviajero, a las comidas es mejor añadir un poco mas de sal, para adquirirla de manera natural.

Ahora, sobre el acceso al agua, en Sudamérica, en la mayoría de las ciudades, el agua del acueducto no es potable. Por tanto, hay que hervir o comprar agua embotellada (lo que tampoco es tan buena idea, por el impacto ambiental tan negativo que tiene desechar plástico). En varias ocasiones me he enfermado de la panza por consumir agua contaminada.

Entonces, sobre esto, es mejor preparar el cuerpo para las aguas no procesadas. ¿Cómo? Al agua tomada del grifo se le añade una pizca de bicarbonato de sodio, sal y miel. Esto es un suero natural que ayudará a que el cuerpo se adapte a todo tipo de agua.

Si bien en el metabolismo influyen la alimentación y la hidratación, también hay que tener en cuenta las horas de sueño y descanso. Dormir bien, por lo menos siete horas y saber escuchar al cuerpo, harán que la experiencia de ciclo-turismo sea más satisfactoria.

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